El pasado mes de julio de 2023, Alejandro Zermeño Guerra, médico cirujano, egresado de la Facultad de Medicina por la Universidad Autónoma de San Luis Potosí anunció que buscaría reelegirse como Rector de la Máxima Casa de Estudios para un segundo periodo de cuatro años.

Zermeño Guerra anunció en aquella ocasión como consignan diversos medios de comunicación que buscaría “dar cuentas claras”.

La comunidad académica, científica, de profesores y alumnos, nunca se imaginaría que en abril de 2020 estarían eligiendo como rector a un médico que lejos de proyectar a la Universidad Autónoma de San Luis Potosí a nivel nacional o internacional, la estaría confrontando con los diversos poderes del estado y con grupos universitarios que conocieron a un rector, débil, poco transparente y sin visión política.

El anuncio de su reelección como rector de la Máxima Casa de Estudios, fue recibido como balde de agua fría en la comunidad universitaria y científica, ya que los investigadores y personal académico a los que tanto desprecia y ha minimizado, no le perdonan su falta de oficio político al entregar de manera burda  los doctorados Honoris Causa al titular de la Auditoría Superior de la Federación (ASF), David Colmenares Páramo, y a Emilio Barriga Delgado, titular de la Auditoría Especial de Gasto Federalizado.

Con un lamentable discurso el rector Alejandro Zermeño Guerra justificó la entrega del honoris causa “porque le ayudaron a cumplir con lo difícil que suelen ser las auditorias”. ¿Así o más claro?.

Un rector que vende la autonomía Universitaria, que compromete su actuar, que no honra la transparencia en la utilización del gasto público y que sobre todo, tiene enorme desprecio por la academia que tantas glorias le ha dado a nuestro Estado, no merece ser reelecto.

La Comunidad Académica vive una verdadera tragedia con el rectorado de Alejandro Zermeño Guerra, que lejos de proyectar a la Universidad, le está provocando un daño.

En ese mar de confusión y desorden que reina durante el rectorado de Zermeño Guerra, destaca por sus malos modos, su primo hermano, el Secretario de Finanzas, Ricardo Isaías, quien hace y deshace a su antojo afectando la vida de los trabajadores y académicos de la universidad con sus desatinos, su prepotencia y sobre todo con su falta de capacidad y conocimiento.

¿Y Federico Arturo Garza? El flamante ex fiscal, otro fantasma que funge como secretario general y sólo deambula por los pasillos de las oficinas del Edificio Central, porque lo único que está esperando es que Zermeño Guerra tenga a bien nombrarlo director de la Facultad de Derecho como premio de consolación ante su ineptitud, tibieza e ignorancia en la vida universitaria.

El médico cirujano será considerado como uno de los rectores con más triste desempeño, sin presencia local, ni nacional. Un rector que se conforma con visitar escuelas y facultades una vez al año, que vive detrás del escritorio en la burbuja que le han elaborado los lamebotas que lo utilizan para no perder sus canongias en la Universidad.