Enfermedades crónicas que padecen los mexicanos como presión elevada o daño renal, podrían tener efectos menos graves sobre la salud de las personas gracias al extracto de jugo de Pitaya, un fruto muy característico en las zonas áridas del país y de San Luis Potosí, cuyos componentes  demostrado efectos vasoactivos en estudios en curso por investigadores del Consorcio de Investigación, Innovación y Desarrollo de Zonas Áridas (CIIDZA) y la División de Biología Molecular del IPICYT.

Daniela Joyce Trujillo, Investigadora Cátedra-CONACYT, explicó que en el laboratorio realizan estudios en ratas, en donde se ha encontrado que el extracto de jugo de pitaya (EJP), mantiene compuestos bioactivos al extraerse de especies de zonas áridas y tiene grandes efectos etnobotánicos ancestrales, que en el caso de la pitaya (Stenocereus), pueden tener muchas aplicaciones nutricionales y/o medicinales.

El grupo de investigación dio a conocer que existen cerca de 24 especies de este género, gran parte de ellas de manera natural en el desierto chihuahuense, por lo que existe un campo de oportunidad para resolver problemáticas de salud y hacer un uso sostenible de recursos que da el desierto mexicano, y que a la vez sirva para el desarrollo de comunidades y ejidos a donde pertenecen.

“Nuestro objetivo en el laboratorio es identificar compuestos funcionales presentes en el extracto de jugo de pitaya y evaluar su efecto en modelos in vitro e in vivo (ratas). Estamos por analizar químicamente los compuestos bioactivos presentes, mediante la extracción y el fraccionamiento y su efecto vasodilatador. En el laboratorio, también estamos comenzando a investigar el potencial antioxidante de extractos del jugo de garambullo y jiotilla (otros frutos de cactáceas)”, agregó la doctora en Ciencias Biológicas por la UNAM.

Este estudio fue publicado por varios investigadores en el portal ScienceDirect (Food Chemistry), en la que participa la alumna de Doctorado de la División de Biología Molecular del IPICYT Yadira Ramírez, la propia Daniela Joyce y su compañera en el CIIDZA, Natalia Martínez Tagüeña, se destaca que la mayoría de los cactus mexicanos están subutilizados y poco estudiados, pero se puede promover su uso sostenible ya que contienen una amplia gama de compuestos bioactivos para atender problemáticas de salud.